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¿Es siempre una buena idea emprender con un socio?

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Una de las dudas que nos pueden surgir al emprender un negocio es la conveniencia de hacerlo o no con un socio. Lo primero que debemos hacer es reflexionar sobre los motivos por los que nos interesa tener un socio, ya que tanto cada persona como cada proyecto son diferentes.

El primero de ellos;

¿Es realmente necesario emprender con un socio?

El hecho de emprender en solitario tiene como principal ventaja el poder mantener el control estratégico de nuestro proyecto, haciendo que la toma de decisiones sea muy fluida al depender sólo de uno mismo. Pero, a pesar de ello, puede que queramos o necesitemos asociarnos con otra persona porque el negocio requiere un capital del que no disponemos, y lo preferimos a tener que buscar una financiación externa que nos haga endeudarnos desde el inicio. O quizá nos interese buscar una persona con el perfil profesional del que nosotros carecemos (dotes comerciales, cualificación técnica, red de contactos…). O simplemente queremos emprender acompañados, ya sea por aversión al riesgo o porque nos gusta trabajar en equipo y compartir con otra persona tanto los éxitos como los fracasos.

Si finalmente tomamos la decisión de tener un socio, lo más importante es elegir la persona adecuada. Hay que tener mucha paciencia y prudencia al hacer la elección. Muchas empresas acaban fracasando por desavenencias entre los socios. La elección de un buen socio es una de las claves de éxito de un negocio.

 

Tipos de socios a la hora de montar un negocio

Los socios pueden ser de dos tipos:

  • Socios capitalistas, es decir, personas dispuestas a poner dinero en un proyecto. Asumen un riesgo, por lo que esperan una rentabilidad. En estos casos se suele recurrir inicialmente a personas de nuestro entorno, como familiares y amigos. Otro tipo de inversores que podrían estar interesados en ayudarnos son los “business angels”, inversores individuales con conocimientos empresariales que aportan su dinero especialmente para proyectos emergentes asociados a la tecnología y la innovación -las denominadas “startups”- a cambio de una participación accionarial. Para inversiones más importantes, generalmente de más de un millón de euros, se puede recurrir a las entidades de capital riesgo.
  • Socios ejecutivos, es decir, personas que nos acompañarán en la aventura del emprendimiento aportando sus conocimientos profesionales y su trabajo al proyecto. Con este tipo de socios debemos tener cierta sintonía personal, y es imprescindible que compartan nuestra motivación, nuestros objetivos y nuestros valores. Pero hay que cuidarse de no duplicar capacidades; si uno es más creativo el otro debería ser más racional, si uno tiene un perfil más técnico el otro debería tenerlo comercial o de gestión, si uno es pesimista el otro conviene que sea optimista. Los socios deben ser complementarios, y ambos deben sumar para formar un equipo que funcione con la finalidad de potenciar el proyecto.

 

El socio familiar

Tanto si es como socio capitalista como si  lo es en calidad de socio ejecutivo, emprender con un familiar o amigo es quizá el tema más delicado. Aunque como socio capitalista es un recurso muy utilizado, al ser una persona que confía en nosotros, como socio ejecutivo es, en principio, bastante desaconsejable, ya que la convivencia continua en un entorno de estrés y tensión puede llevarnos a disputas que hagan saltar por los aires la relación, afectando tanto al ámbito profesional como al personal. Esto no quiere decir que no haya muchos negocios exitosos en el que están asociados hermanos, familiares y amigos, principalmente cuando se trata de un sector en el que se hereda una tradición familiar.

 

Pacto de socios

En cualquier caso, es indispensable documentar el acuerdo de forma clara mediante el pacto de socios o accionistas, que es donde se definen los roles, las funciones y las responsabilidades de cada uno. En este documento se regulan las relaciones entre los socios para garantizar la resolución de los conflictos que puedan surgir y evitar así poner en riesgo la continuidad del proyecto.

Llegados a este punto podemos plantearnos mantener el control del proyecto. El reparto de acciones no tiene por qué ser necesariamente al 50%, ya que nosotros hemos ideado el proyecto y lo estamos poniendo en marcha, por lo que nos reservamos un porcentaje superior. Alguien tiene que hacer de jefe, pero hay que tener en cuenta que, en ocasiones, la implicación profesional del que tiene menor participación no es la misma.

 

En definitiva, la conveniencia de asociarnos para emprender y la forma de hacerlo dependerán de nuestras circunstancias y de nuestras preferencias. Una opción no tiene que ser necesariamente mejor que la otra. Pero si decidimos hacerlo hagámoslo bien, porque condicionará el futuro de nuestra empresa.

 

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