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Gastos que inflan y gastos que esconden: normalizar tus números

Gastos que inflan y gastos que esconden: normalizar tus números

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Cuando un comprador o un asesor de M&A se sienta a analizar tu empresa, lo primero que hace no es leer la cuenta de resultados tal como salió de la contabilidad. Lo primero que hace es limpiarla.

A ese proceso se le llama normalización del EBITDA, y su objetivo es sencillo: separar lo que es recurrente y propio del negocio de lo que es accidental, personal o extraordinario. El resultado es el EBITDA ajustado (o normalizado), que será la base sobre la que se aplicará el múltiplo de valoración.

¿Por qué importa tanto? Porque si tu EBITDA contable es de 210.000 € y el múltiplo del sector es x5, estaríamos hablando de una valoración de 1.050.000 €. Pero si, tras los ajustes, ese EBITDA sube a 266.000 €, la valoración asciende a 1.330.000 €. Son 280.000 € de diferencia sobre el mismo negocio, con los mismos clientes, los mismos trabajadores y la misma facturación. La diferencia la hacen los números bien contados.

En este artículo veremos qué ajustes son los más habituales, en qué dirección van y por qué un proceso serio de normalización protege al vendedor tanto o más que al comprador.

¿Qué significa normalizar el EBITDA?

La normalización busca responder a una pregunta: ¿cuánto generaría este negocio si lo gestionase un directivo profesional externo, sin las particularidades del propietario actual?

Los ajustes pueden ir en dos direcciones:

  • Al alza: eliminan gastos que no son propios del negocio o que no se repetirían bajo nueva propiedad. Mejoran la foto.
  • A la baja: añaden costes que el propietario se ha ahorrado pero que el comprador tendrá que asumir, o reducen ingresos cuya continuidad está en duda. Empeoran la foto —pero reflejan la realidad.

Un buen proceso de normalización hace ambas cosas. No se trata de maquillar, sino de ser precisos.

Por qué esto importa al vendedor

Un empresario que no ha normalizado sus cuentas puede estar dejando dinero sobre la mesa sin saberlo. Si tienes gastos personales mezclados con la empresa o un sueldo artificialmente alto, estás deprimiendo tu propio EBITDA —y, con él, tu precio de venta.

Ajustes que mejoran la foto: gastos que inflan los costes

Estos son los ajustes más favorables para el vendedor. Corresponden a gastos reales que aparecen en la contabilidad pero que no son parte del coste estructural del negocio y no se repetirán con el nuevo propietario.

Ajuste frecuenteCómo se normalizaEfecto en EBITDA
Sueldo por encima de mercado del dueñoNormalizar a sueldo de mercado (p.ej. 80.000 €/año)Incrementa EBITDA
Gastos personales cargados a la empresaEliminar: viajes familiares, coche privado, suscripciones personalesIncrementa EBITDA
Alquiler pagado a parte vinculada por encima de mercadoAjustar a precio de mercado comparableIncrementa EBITDA
Consultores o socios familiares sin función realEliminar remuneraciones sin contraprestaciónIncrementa EBITDA
Gasto extraordinario no recurrenteExcluir del histórico (litigio, indemnización, siniestro)Incrementa EBITDA
Provisiones excesivas o conservadorasRevertir si no hay base real de deterioroIncrementa EBITDA

 

Veamos los más relevantes con algo más de detalle:

Remuneración del socio-directivo

Es el ajuste más común y, a menudo, el de mayor impacto. Los empresarios tienden a fijarse sueldos altos en épocas buenas —a veces para reducir beneficio fiscal, otras simplemente porque la empresa lo permitía. Si ese sueldo supera lo que costaría contratar a un director general externo con perfil equivalente, el exceso es un ajuste al alza. Si el sueldo es, al contrario, muy bajo (porque el propietario prefería repartir dividendos), el ajuste irá a la baja.

Gastos personales registrados como empresariales

Viajes que combinan vacaciones con visitas comerciales, el coche que usa también la familia, suscripciones personales, gastos de restauración sin carácter comercial claro… Si están en la contabilidad, reducen el EBITDA declarado. El asesor los identificará y los eliminará. Cuanto más ordenada esté la contabilidad y más justificados estén los gastos, menor será la discusión.

Alquileres entre partes vinculadas

Si la empresa alquila el local a una sociedad del propio propietario a un precio superior al de mercado, el exceso es un ajuste al alza. Es frecuente, especialmente cuando el dueño separó el inmueble de la empresa operativa. Lo contrario también ocurre: si el inmueble es del propietario y la empresa no paga alquiler, habrá que imputar un coste de mercado.

Gastos extraordinarios y no recurrentes

Un litigio que se resolvió el año pasado, una indemnización por un despido singular, una reforma puntual del local… Si no se van a repetir, no forman parte del EBITDA normalizado. Eso sí: el comprador querrá confirmarlo con documentación. La palabra «extraordinario» en la contabilidad no es sinónimo de «ajustable»; hay que justificarlo.

Ajustes que empeoran la foto: gastos que se han escondido

Aquí está la parte que muchos vendedores no anticipan. La normalización también puede ir en sentido contrario: identificar costes que el negocio no ha registrado pero que el comprador sí tendrá que asumir.

Ajuste frecuenteCómo se normalizaEfecto en EBITDA
Sueldo del dueño por debajo de mercado o no registradoImputar coste de sustitución realReduce EBITDA
Alquiler no pagado (inmueble propiedad del dueño)Imputar alquiler de mercado como gastoReduce EBITDA
Contratos de clientes con el dueño como nexo personalDescontar ingresos en riesgo de no transferirseReduce ingresos
Inversiones diferidas que el comprador deberá acometerReflejar necesidad de capex normalizadoAjusta FCF
Costes de crecimiento aún no reflejados (nuevas contrataciones)Proyectar estructura necesaria para sostener el crecimientoReduce EBITDA futuro

 

El sueldo que el propietario no se pagaba

Si el empresario cobra muy poco —o nada— a cambio de trabajar a tiempo completo en el negocio, el comprador deberá contratar a alguien que lo sustituya. Ese coste es real y el asesor del comprador lo introducirá como ajuste a la baja. Si no lo anticipa el vendedor, lo hará el otro lado en la negociación —y desde una posición de debilidad.

Ingresos en riesgo de no transferirse

Si una parte relevante de la facturación depende de la relación personal del propietario con determinados clientes, el comprador introducirá un descuento sobre esos ingresos. No es que duden de que sean reales; dudan de que sean transferibles. La solución no es ocultar esta dependencia, sino trabajar antes de la venta para diluirla: diversificar la cartera, firmar contratos formales, involucrar al equipo en la relación comercial.

Inversiones diferidas (capex)

Si la maquinaria lleva años sin renovarse, si el sistema de información es obsoleto o si el local necesita obras, el comprador lo reflejará como una deducción del precio o como un ajuste al FCF (free cash flow). Un empresario que no ha invertido en mantenimiento puede haber mejorado su EBITDA a corto plazo a costa de dejar una deuda diferida al comprador.

Un ejemplo práctico: el mismo negocio, dos valoraciones

Para ilustrar el impacto real de la normalización, veamos un caso simplificado de una empresa familiar con 1,8 M€ de facturación:

 

ConceptoSin normalizarNormalizado
Ingresos declarados1.800.000 €1.800.000 €
EBITDA contable210.000 €210.000 €
(+) Sueldo excesivo del socio+40.000 €
(+) Gastos personales en empresa+18.000 €
(+) Consultoría a familiar sin función+24.000 €
(+) Extraordinario no recurrente (litigio)+30.000 €
(−) Alquiler de mercado no imputado−36.000 €
(−) Capex diferido estimado anual−20.000 €
EBITDA normalizado210.000 €266.000 €
Múltiplo aplicado (x5)1.050.000 €1.330.000 €

 

Los ajustes suman +112.000 € en positivo y −56.000 € en negativo, con un efecto neto de +56.000 € sobre el EBITDA, que a múltiplo x5 suponen 280.000 € adicionales de valoración.

Qué debe hacer el vendedor antes de normalizar

La normalización no es algo que se improvisa a última hora. Requiere preparación, y cuanto antes empiece, mejor posición tendrá el vendedor en la negociación.

  • Ordena la contabilidad: separa lo personal de lo empresarial con al menos dos o tres ejercicios de antelación.
  • Documenta los extraordinarios: cualquier gasto fuera de lo habitual debe estar respaldado (sentencias, contratos, facturas) para poder justificar su exclusión.
  • Regulariza los sueldos: si el propietario cobra por debajo o por encima de mercado de forma significativa, empezar a ajustarlo antes de la venta elimina distorsiones.
  • Anticipa el análisis de clientes: identifica qué porcentaje de ingresos depende de tu presencia personal y trabaja para diversificarlo o formalizarlo contractualmente.
  • Realiza un pre-due diligence: antes de salir al mercado, un asesor puede ayudarte a identificar los ajustes que el comprador va a hacer de todas formas —mejor conocerlos tú primero.

El riesgo de no normalizar

Un comprador sofisticado normalizará el EBITDA siempre, con o sin tu colaboración. Si lo hace él solo, partirá de supuestos conservadores y los ajustes a la baja serán más agresivos. Si lo haces tú de manera proactiva y con documentación, controlas el relato.

El papel del asesor en la normalización

Una de las funciones más valiosas de un asesor de M&A es precisamente construir el EBITDA normalizado con rigor y con perspectiva de comprador. No se trata de inflar los números, sino de presentarlos con la mayor claridad posible para que el comprador no tenga excusa para infraponderar.

El asesor también actúa como escudo: cuando el comprador propone ajustes a la baja que no están justificados, el asesor los rebate con datos. Y cuando los ajustes sí son pertinentes, ayuda al vendedor a entender su impacto y a negociar otros términos del contrato que compensen.

En definitiva, la normalización es una conversación técnica que tiene consecuencias económicas muy concretas. Y como toda conversación técnica, es mejor llevarla preparada.

Conclusión

Normalizar el EBITDA no es hacer trampa ni manipular la contabilidad. Es traducir los números históricos a un lenguaje que el mercado entiende y valora. Es reconocer que tu empresa, como entidad autónoma, tiene un rendimiento que puede ser diferente —a veces muy diferente— del que refleja la cuenta de resultados firmada por tu asesor fiscal.

Hacerlo bien, con tiempo y con documentación, puede significar decenas o cientos de miles de euros de diferencia en el precio final. Hacerlo mal, o no hacerlo, significa ceder ese terreno al comprador.

La pregunta que conviene hacerse antes de salir al mercado no es «¿cuánto vale mi empresa según mis cuentas?», sino «¿cuánto valdría si alguien la analiza con rigor?». Si no tienes respuesta, ese es el primer trabajo que hay que hacer.

¿Sabes cuál sería el EBITDA normalizado de tu empresa hoy? Si no tienes esa cifra clara, es posible que tu valoración esté distorsionada —en un sentido o en otro.

En Inverpoint hacemos ese análisis antes de salir al mercado, para que no haya sorpresas cuando llegue el comprador.

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