Uno de los mayores retos de Latinoamérica es que sus empresas salgan al exterior a vender sus productos y servicios, porque la mayor parte del sector privado en la región es de empresas pequeñas, medianas y familiares.
Actualmente nos encontramos ante una nueva economía mundial multipolar que evoluciona rápidamente -en la que algunos países en desarrollo están emergiendo como potencias económicas; otros comienzan a convertirse en nuevos polos de crecimiento y algunos tienen dificultades para alcanzar su potencial en este nuevo sistema-.

 

El mundo actual es un mundo de mayor conectividad. Países y empresas que antes se consideraban competidores, hoy se transforman en colaboradores o conectores y los países en desarrollo ven oportunidades en sus vecinos de al lado, no sólo en los tradicionales mercados distantes. Inverpoint es un ejemplo de ello.

Contar con más empresas transfronterizas aparece como un mandato: solo 6 de las 100 mayores empresas multinacionales latinoamericanas son argentinas, las llamadas multilatinas (de las que 28 son mexicanas, 26 brasileñas, 21 chilenas, 11 colombianas y 6 peruanas).

 

El mundo, hoy, se ha convertido en una enorme plataforma de generación de conocimiento que además de científico es económico (y aplicado), pero que es global y se produce en redes de actores productivos operando más allá de fronteras y geografías (el capital intelectual). Participar en las cadenas internacionales de generación de conocimiento económico es un requisito para el progreso.

 

Del total de valor generado por la economía mundial cada año, más del 30% es producido por el capital intangible (conocimiento aplicado a procesos de producción o comercialización), porcentaje que duplica al 17% del valor agregado que surge del tradicional capital tangible (máquinas o plantas de producción). Y la restante mitad del valor es agregada por trabajadores cuya formación es cada vez más calificada. Formar personas (trabajadores futuros o actuales) es una asignatura de la agenda internacional, dada la presión de la internacionalización de la economía del conocimiento, en la que el aporte de los trabajadores más formados es crítico.

La “vieja globalización” producida por el transporte de bienes a través de las fronteras está dando paso a una nueva: más de la mitad de los flujos económicos transfronterizos en la actualidad lo son de intangibles (datos, referencias certificadas, información, know-how, servicios). Por ende, participar en los intercambios de generación y aprovechamiento de conocimiento e innovación productivos internacionales es crítico para la prosperidad.

 

La evidencia muestra que, cada vez más, los países más prósperos son los que con más intensidad e inteligencia participan de esta nueva modernidad. Siempre hay una ocasión para volver a empezar.