Nunca esperé la llegada de Septiembre con tanto interés.

 

Si bien es un mes que yo siempre lo contemplé empresarialmente como comienzo de un ejercicio, más que el propio año fiscal, que todos sabemos que comienza en Enero y acaba en Diciembre. También es cierto que jamás había vivido la situación de estar ante la expectativa de un posible “ fin” de una pandemia. Que espero que, si al menos no es el fin de su existencia, si confió que se pueda ir normalizando nuestras vidas y nuestra economía.

 

Confluyen muchas variables que hacen de esta vuelta de vacaciones sea un momento al menos esperanzador, por la salida de este mal momento por el que la humanidad está pasando, por las posibilidades y oportunidades que se generan después estas crisis tan virulentas.

 

Este post covid no sólo conlleva la salida de un problema social y un drama sanitario, si no también una posible recuperación económica. Pues por lógica se espera un efecto rebote importante. Que puede generar un importante ciclo expansivo económico. No sólo por la salida de la crisis, que ya suele ser así, si no por la importante inversión que va a realizar Europa en general y en nuestro país en particular. La mayor inversión realizada en Europa desde el plan Marshall después de la segunda gran guerra. Los llamados fondos “Next Generation” con algo así como 2.018 billones de Euros que ayudaran a reconstruir Europa.

 

Nos encontramos ante una doble oportunidad, por una parte, la recuperación económica y por otra, con la posibilidad de cambiar y fortalecer el sistema productivo español. Era más que necesario, yo diría que urgente y no por la pandemia, si no por que ya le tocaba.  Nos encontramos con un país que necesitaba desde hace años innovar, digitalizarse, diversificar su industria y crear un sistema mas productivo mas en general.
Desde esta posibilidad que nos ofrece haber pasado este mal momento, entiendo que se podrán hacer muchos planes con estas inversiones, a los cuales algunos no llego ni a pensar, ni me toca hacerlo. Pero si me voy a permitir exigir y pedir como pequeño empresario estos dos puntos que nos afectan a los autónomos, micros y pymes de este país.
Una es el apoyo a la digitalización de las empresas y a toda la innovación que necesitan no sólo para subsistir en este mercado, si no para crecer y repito la palabra productividad. Ya que es el gran mal de este país.

Un autónomo que pueda digitalizar seguro que da un paso más para la supervivencia. Pero voy mas allá, a aquellas pequeñas empresas que generan no mas de nueve puestos de trabajo y que siempre están en hilo de mortandad. Estoy hablando ni más ni menos que del 90 % del tejido empresarial y al segmento de empresas que es el máximo creador de empleo del país.

 

Sabemos todos los que estamos en este mundo de la pequeña empresa y nosotros los consultores con más conocimiento de mercado si cabe, que uno de los grandes problemas de nuestra competitividad es el tamaño de nuestras empresas.
Todos los estudios nos indican que aquellas empresas que llegan a cruzar el umbral de micro a Pyme, ósea aquellas que cuentan con un mayor número de empleados y de facturación, tienen mas posibilidades de no sólo sobrevivir, si no además de crecer.

 

Hoy más que nunca en nuestro trabajo de consultores de compraventa de empresas, vemos como las empresas optan por comprar para crecer y se busca la concentración. Ya que comenzar con una unidad nueva y crecer orgánicamente tiene un alto coste y un mayor riesgo. Por lo que para crecer se están comprando otras empresas “la propia competencia”.

Llama la atención el gran número de empresas europeas que están realizando compras de empresas en nuestro país, sobre todo de origen galo. La verdad es que no es mala idea, elegir este camino de ser comprado,  mejor antes que desaparecer con el tiempo si no ganas volumen. Pero pienso que deberíamos de fortalecer nosotros mismos nuestro país y su entramado empresarial, sin duda con el necesario apoyo de la administración del estado. Si no queremos que algún día nuestra industria o marcas pertenezcan a otros países o a puros fondos de inversión con el riesgo que conlleva.

 

Si es cierto que en estos años marcas españolas han crecido y comprado en otros países, pero normalmente en sectores muy concretos, bancos, eléctricas, construcción y sobre todo en América. Esto no esta nada mal, pero son pocas y ya eran de gran tamaño. Pero hay que recordar que las que ofrecen mas del 80 % del empleo en este país son las microempresas y autónomos, con un bajo numero de empleados y con una facturación menor al millón de euros anual. Esto como decía antes, no genera ni seguridad  ni grandes posibilidades para el país.


Debemos de crecer interiormente, ser más competitivos en nuestro propio mercado y sin duda luego mirar hacia fuera.

Espero que los políticos, todos los agentes sociales y los propios emprendedores y empresarios apostemos y busquemos este camino en conjunto, ya que será la solución de muchos de los males que nos aquejan de una manera continua en la vida de la economía española desde siempre. Y no sólo es cuestión de tamaño, también de calidad y de diversificación.

 

No pido olvidar la restauración o quien somos y qué representa este sector para el país. Pero creo que podemos a tener menos bares y restaurantes, pero más rentables y un turismo no quizás de 80 millones de visitantes, no sé la cantidad, pero de calidad. No digamos esto de cuanto facturamos, o cuantos millones nos visitan al año, por el bulto, mejor pensemos en la rentabilidad y en la estabilidad de un sistema productivo moderno y sólido.

 

España necesita que se le de la vuelta por completo, mimbres para el cesto tenemos y parece que nos encontramos en el momento idóneo, ¿seremos capaces de aprovechar esta posibilidad?

 

Yo voto que sí y lucharé poniendo mi pequeño grano de arena para ello.