CAPEX y OPEX
CAPEX (capital expenditure) es la inversión en activos que se capitaliza en el balance: maquinaria, vehículos, software, reformas, una nave. OPEX (operational expenditure) es el gasto de explotación del día a día: alquileres, personal, energía, marketing, mantenimiento corriente. El OPEX resta del EBITDA. El CAPEX no; sale después, en el free cash flow.
La distinción aparece en la due diligence financiera y en cualquier modelo de DCF. La usan el comprador, el auditor y el banco. El vendedor la descubre cuando le dicen que su EBITDA es bueno pero la empresa «no genera caja». Hay que separar CAPEX de mantenimiento —el que hace falta para que el negocio siga igual— y CAPEX de crecimiento —el que abre una línea, un centro o un mercado—. El primero es estructural y el comprador lo descuenta siempre; el segundo puede justificarse si crea valor. Clasificar mal un gasto cambia el precio: activar como CAPEX lo que es OPEX hincha el EBITDA; gastar como OPEX una inversión real lo deprime. En pymes familiares es frecuente mezclar la reforma del almacén, el coche de empresa y el mantenimiento informático en la misma partida. El comprador rehará esa foto antes de aplicar un múltiplo al EBITDA ajustado. El circulante es otra salida de caja, distinta de ambas.
Una flota de 120.000 € es CAPEX; los 18.000 € anuales de combustible y talleres son OPEX. El EBITDA no ve los 120.000 €; el free cash flow, sí.
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