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Ratios de rentabilidad

Los ratios de rentabilidad miden qué retorno produce el negocio sobre el capital que emplea. Los cuatro que aparecen en un proceso de compraventa son el ROI (retorno sobre la inversión), el ROE (sobre el patrimonio), el ROA (sobre el activo) y el ROIC (sobre el capital invertido). Son la foto de si el negocio paga el capital que consume.

El comprador los pide para comparar la empresa con otras del sector y para ver si el múltiplo está alineado con la calidad del retorno. El fondo los cruza con su WACC: si el ROIC no supera el coste de capital, el DCF no cierra. El vendedor los descubre cuando le preguntan por qué gana poco sobre el activo o por qué el ROE está inflado por deuda. Cada ratio cuenta una historia distinta. El ROE sube si hay apalancamiento, aunque el negocio sea mediocre. El ROA mira el activo total, incluidos inmuebles que un industrial no necesita. El ROIC se acerca más a lo que un fondo llama retorno operativo: beneficio de explotación después de impuestos sobre el capital que realmente trabaja. El ROI es el más elástico: hay que decir qué se ha puesto en el numerador y en el denominador. Ninguno sustituye al EBITDA ni al free cash flow. Un ROE alto con FCF negativo es una advertencia, no un argumento de venta.

Una pyme con 200.000 € de beneficio neto y 1 M€ de patrimonio tiene un ROE del 20 %; si el capital invertido es 2 M€ y el NOPAT 180.000 €, el ROIC baja al 9 %.

En profundidad: Free cash flow y las métricas que definen el valor

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