Los humanos convivimos a menudo con nuestras autoprofecías y como si esto no fuese poco, en ocasiones nos hacemos propias hasta las ajenas. Sobre todo cuando reina la incertidumbre.
Nos las trasmiten de manera intencionada o no, directa o indirectamente, y en muchos casos lo consiguen y las hacemos nuestras, siendo que ni tan siquiera nos pertenecen.

Tiempos atrás nos llegaban de nuestros padres, familia o amigos. Muchas basadas en la superstición, la mala suerte, en los refranes, o quizás tan sólo basadas en las malas experiencias vividas. Normalmente, con la sana intención de prevenirnos pero olvidando que cada individuo es un mundo, con unos recursos internos o externos diferentes unos a otros.

 

En estos tiempos, las cosas cambiaron y las profecías nos las trasmiten desde debates de televisión, la prensa, las redes sociales y desde cualquier medio de comunicación que está a nuestra mano o oído.
Analistas, gurús, tertulianos y otros especímenes tratan cada día de leernos el futuro como cual adivino con una bola de cristal. En la cual, por cierto, nadie tuvo la visión de anticipar los efectos de una pandemia como la que estamos viviendo con el COVID 19.
Todo lo contrario, los últimos presagios en cuanto a la salud es que el ser humano estaba cerca de la inmortalidad, no mas allá de mediados de este siglo. Que pena!! Como siempre volví a pensar que nací demasiado pronto. Ironías de la vida.

Estos pronósticos no vienen siempre con los intereses más sanos, que aunque no fuesen acertados, nos hacían la gente cercana que os hablaba en el inicio. Algunos pueden llegarnos para manejarnos con intenciones políticas, otros por intereses comerciales, o tan sólo para llamarnos la atención y ganar audiencia y poder vender mejor su libro.

 

Corren los tiempo idóneos para intentar entrar en nuestro pensamiento y crearnos diferentes estados mentales, que nos hagan estar en un determinado estado de ánimo o para que tomemos un rumbo concreto en nuestras decisiones, sean políticas, económicas o de cualquier otro tipo.
Nos encontramos y vivimos en una situación nueva y se me antoja que complicada, ya que no la habíamos vivido antes, y esto nos suele impregnar de una palabra que a mi me asusta y es el “miedo”. Y sé que el miedo es sano, es una emoción básica para vivir, pero a su vez es el elemento más limitante del ser humano, sobre todo cuando éste cruza el umbral del origen y el sentido de esta emoción. A mi modo de entender el miedo y la ignorancia es el cóctel más dañino para el humano.

En lo que estoy seguro es que nos enfrentamos a tiempos de cambios. Pero, ¿tienen que ser malos o nefastos como los pintan? ¿Y para todos en la misma medida? ¿Está todo escrito?
No sé el de vosotros, yo me niego que escriban mi historia y futuro. Pero claro, el cambio en una sociedad como la actual también es un sinónimo de incertidumbre, por lo tanto más “miedos” . Aunque no tengamos nada y nos vayamos con nada de este mundo, siempre tenemos temor a perder. Es humano. Vivimos en un mundo que valoramos más lo que tenemos que quien somos, error de base. Partiendo de esa premisa, sin duda añadimos más leña al fuego, si no fuese así estaría convencido que muchas personas verían estas situaciones como un momento idóneo para dar pasos que en otro momento no darían, y tendrían la hermosa oportunidad de moverse y por lo tanto de crecer.

 

También es cierto que no nos enseñaron en la medida que merece, ver la oportunidad de los cambios y menos a explicarnos que cada uno puede crear un futuro diferente para si, caiga el PIB, suba el paro, o cualquier otro ratio económico o social que nos indique a que debemos atenernos.
Vamos a oír la tasa de paro que vamos a tener, cuánto va a caer el PIB, cuántos negocios cerraran, cuándo nos recuperaremos y es posible, hasta cuándo podremos ir al baño.

No voy a negar la opinión de expertos en economía o sociología, sin duda tienen su criterio y razones. Pero, no debemos permitir que marquen nuestro futuro por igual . Y ojo, lo hacen, y no sabéis como, en ocasiones de una manera tan sibilina que no nos damos ni cuenta.
Recuerdo la anterior crisis, en la cual devoré la prensa económica, decenas de libros, buscando respuestas, y salvo excepciones, de lo que se predijo en los mismos a la realidad hubo un auténtico trecho.
Pero, no me quiero basar en estos errores pronosticados, quiero desde estas letras decir que las crisis no son iguales para todos, que no tenemos que basarnos en seguir las profecías que vamos a escuchar.
Que el futuro es cosa de uno mismo, y de lo que se decida y se trabaje que para si mismo. Si somos capaces de pensar y proyectar que mañana nos irá bien, estoy seguro que será así, que si somos positivos y luchamos por salir este año adelante, vamos a salir. No tengo la menor duda. Por que el que viene, seremos y estaremos según lo que seamos capaces de hacer hoy. No hay que esperar!!!

 

Creemos en nuestras propias auto profecías, porque éstas se cumplen, si creemos fielmente en ellas. Si pensáis en aquellas cosas buenas que os sucedieron algún día, seguro que llegaron de una creencia o un pensamiento positivo. Y seguro que aquellas no tan buenas llegaron de otro tipo de pensamiento no tan positivo.
Estamos en una realidad, sin duda complicada pero, nadie puede manejar lo que nosotros somos capaces de hacer o crear. Será más complicado, nos costará más y quien sabe si menos, porque habrá mucha gente dudando de si misma, y esperando a que llegue el año que viene porque este va a ser “ malo” según dicen por ahí.

Más que nunca, cerremos los ojos, tengamos fe en nuestra personas y proyectos y tengamos nuestra propia profecía. Se cumplirá. Creemos nuestro plan de negocio y de vida. Que los factores externos nos generen desviaciones, eso es muy razonable pero, no dejemos que sea a la inversa y que los factores externos hagan o ni tan siquiera nos dejen hacer nuestros planes.
Y más que nunca tengamos presente que es más importante quién somos que lo que tenemos. Esto tiene mayores beneficios a largo plazo.

 

Dedicado a MRN.